Gafas
Ella no me vio, fui yo quien la reconocí. Llevaba años sin verla, desde aquella reunión de antiguos alumnos. Miraba una fotografía y yo estaba al otro lado de la sala, pero incluso a esa distancia me di cuenta de que era ella. El pelo, la manera de moverse, cómo olvidarlo. Pensé que en otro tiempo ella no habría ido a algo así, una exposición de fotografía, y que solo era yo quien tenía interés por esa clase de cosas. Si alguna vez fuimos juntos a un evento similar fue porque yo lo quise y ella me acompañó. En general, nuestros planes de entonces eran diferentes. Me gustó pensar en aquello.
Me acerqué disimuladamente para verla mejor. Luego la saludaría, por supuesto, pero ahora quería curiosear un poco y mirarla sin ser visto. A diferencia de mí, no estaba sola. A su lado había un hombre con el que no hablaba, pero que no era difícil adivinar que iba con ella. Lo primero que pensé fue que no era en absoluto su tipo.
Era un día algo nublado, y en el interior de la galería entraba poca luz. La iluminación era muy débil, casi no se apreciaban bien los detalles de las fotografías. Pensé que no era un acierto por parte de la organización, aunque quizás fuera intencionado. A pesar de eso, ella llevaba unas gafas de sol muy grandes, y no se las había quitado al entrar. Me pareció raro, era la única persona que llevaba gafas de sol allí dentro.
Habló algo con el hombre que la acompañaba. Pocas palabras, y de una manera muy inexpresiva. Él le respondió de un modo parecido, y apenas se miraron. Se diría que no se encontraban cómodos el uno junto al otro, o al menos con pocas ganas de comunicarse. Quizás enfadados. Eso explicaría lo de las gafas, me dije, porque ella habría llorado y ahora querría ocultar los ojos enrojecidos o el maquillaje desfigurado. Me dio tristeza pensarlo.
Se fue a ver otra fotografía, esta mucho más grande, en el área central de la exposición. Yo me moví hacia otro lado para que no pudiera verme, no quería todavía hablar con ella, sino seguir en este juego de espionaje un poco más. Su acompañante no la siguió, se quedó en la fotografía anterior, aunque ya no parecía tener interés en mirar.
La observé durante un minuto mientras me venían recuerdos agradables del tiempo que habíamos pasado juntos. Estaría bien tener una conversación como la de aquella última vez, y quizás intentar vernos después en algún que otro momento, por qué no. Sin ningún interés más allá de eso, obviamente, lo pasado pasado está.
Ahora el hombre vino hasta ella y le dijo algo a lo que reaccionó con mala cara. Vi cómo la agarraba de la muñeca y ella intentaba zafarse discretamente pero sin lograrlo. La escena me pareció muy desagradable, y se me ocurrió pensar que aquello también podría explicar lo de las gafas. Quizás no hubiera llorado y lo que en realidad buscaba tapar con ellas fuera algún golpe, algún moratón en algún ojo.
Él soltó por fin la muñeca de ella, los dos disimularon mirando al cuadro con desgana, y entonces me pareció que era el momento de acercarme.
—Hola —le dije sin más, sonriendo y con el tono más amable del que era capaz.
Al mismo tiempo, le dirigí a él una mirada de rechazo. Los dos se me quedaron mirando.
—Hola —dijo ella.
En su voz no había emoción ninguna, era una voz aséptica, casi fría. Era evidente que yo no llegaba en el mejor momento.
—Cuánto tiempo, ¿no?
—¿Disculpa? —dijo ella.
Al decir eso, se subió las gafas y las puso a modo de diadema, y pude entonces verle los ojos. Eran unos ojos de un azul clarísimo, casi blancos, y algo estrábicos. Creo que no había visto antes unos ojos así. Su mirada era completamente distinta a la que yo esperaba, y su rostro ahora no se parecía en nada al de la persona que yo había creído reconocer.
Detrás de ella vi la fotografía que ellos estaban observando en ese momento: el desnudo de una mujer que mira a cámara con unos ojos azules muy claros, luminosos, levemente desviados.