Feliz Navidad
Bajó a la cafetería del hospital para hacer más llevadera la espera. Gentes tristes tomando sus desayunos mientras aguardaban a que algún familiar saliera de quirófano o que un doctor les trajera noticias sobre ese hijo que acababa de tener un accidente. Entendía su pesadumbre, él también había estado antes en su lugar. Pero hoy, por ser tal día, le pareció más doloroso pensar en ello. Pasar el día de Navidad en esas circunstancias se le antojó tristísimo.
Se dijo que tenía suerte, que él estaba allí para algo bien distinto. Su mujer iba a dar a luz y en breve tendría a su hijo en brazos. Se sintió tan diferente a aquellas otras personas que bebió el café de un trago y volvió rápido a la sala de espera de la maternidad, un espacio mucho más amable.
Pero aquellos pensamientos le volvieron a la cabeza, y mientras esperaba noticias del parto pensaba en cuántas tragedias sucederían esa misma noche. Cuántas de ellas en fecha tan señalada, mientras todos los demás disfrutaban y reían, o al menos fingían hacerlo. Cuántas burlas del destino que además dejaban huella imborrable, porque cómo iba uno a disfrutar después la Navidad de igual manera si en estos días había perdido a un ser querido o sufrido alguna tragedia irreparable.
Salió una enfermera a buscarle. Le dijo sonriente que todo había ido bien. El pequeño y la madre estaban en perfecto estado, y podía ya entrar a verlos. Pensó que aquel debía de ser un trabajo agradable, ayudar a dar vida en estos días.
Se olvidó de todas esas desgracias que había imaginado, solo tenía pensamientos para ese milagro suyo y la felicidad que le esperaba. Su mujer lo recibió con gesto cansado pero radiante, el bebé recostado sobre su pecho.
Recordaría ese instante muchas veces, y también todas esas suposiciones funestas sobre las celebraciones y las tragedias, la manera cínica en que a veces se entrelazan. Cada Navidad, junto al recuerdo del instante en que, lleno de emoción, cogió en brazos a su hijo recién nacido y lo alzó para acercárselo a su rostro, y la sensación de extrañeza en las manos cuando lo sintió deslizarse por ellas durante una eternidad antes de precipitarse hacia el suelo.