Te encantaban los nombres de los pueblos
Te encantaban los nombres de los pueblos,
recorrer las pequeñas ciudades
interrogando a las gentes, comprendiendo
la toponimia en la que se destila la historia,
las voces antiguas y los sueños.
Mapas trazados con palabras,
rutas de una voz desgarrada, verídica,
viajes de verbo y silabas
dispuestas a tus ojos de manera curiosa,
y te recuerdo en noches como aquella,
una lluvia fiera,
un pueblo de apenas cien almas, una casa oscura,
preguntándote el porqué de todos esos vocablos.
Ahora, mientras conduzco hacia otra ciudad,
algo me falta sin duda junto a mis miedos,
alguien en el asiento de al lado
que otorgue voz a los caminos
y sonría ante los nombres de las aldeas,
una mano que estrechar imprudente,
una pierna en la que deslizar una caricia
y desviar la vista de la carretera
para observarte tan llena de futuro.
Ahora, mientras dejo atrás pueblos y vidas,
cada kilómetro confirma en mí
que de aquella geografía no me resta ya
sino el recuerdo,
las imágenes y las voces,
los paisajes, la lluvia,
el honor de haber asumido en otro tiempo
el veraz gentilicio de tu cuerpo.