Mi ciudad no tiene mar
Mi ciudad no tiene mar
ni una playa en que acunar el miedo,
ni conchas, ni gaviotas,
ni un paseo lento junto al rugir de las olas.
No existe aquí otra arena
salvo la que corre entre las manos
cuarteadas de mi memoria.
Aun así, cada día tengo
frente a tu recuerdo esa sensación
de fuga y ensueño,
imaginar lo desconocido al otro lado,
un sentir como de isla remota
en cada mirada ajena.
Mi ciudad no tiene un horizonte allá a lo lejos
ni el límite de una playa
tras la cual sólo puedan viajar los anhelos.
Pero la soledad azota como el poniente
y toda cárcel arrastra siempre
una hermana libertad al otro lado de la reja.