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Me cuenta un amigo que él sueña con tener un barco y viajar, un velero pequeño pero capaz en el que poder probar esa peculiar libertad de los navegantes. Mi amigo no sabe nada de barcos, no es hombre de mar ni conoce las reglas ocultas de los océanos, pero dice que le gusta la perspectiva de la navegación, el reto de esa lucha dulce entre el marinero y las aguas. A mí me suena todo un poco idealista, a fantasía más que a sueño, pero me gusta oír su historia.

Me dice que estuvo hace poco curioseando los precios de los barcos de ocasión, y que un velero modesto no es tan caro como él pensaba, uno con el que podría incluso atravesarse el Atlántico. Pero a él no le interesa esa travesía, no le interesan los grandes retos ni atravesar las nadas oceánicas. Él lo que quiere es recorrer el Mediterráneo, explorar las culturas que se arraciman en los puertos de este mar y arribar uno tras otro a todos ellos. A mi amigo le interesa en realidad el mar como una vía distinta de comprender lo que sucede en tierra y de llegarse hasta ello, no por lo que el mar en sí significa.

Esta de surcar las colinas bien puede ser una singladura similar a la que mi amigo sueña, subiendo y bajando pero sin demasías, siempre a una distancia manejable de la orilla. Estas colinas son como puertos de un mar tranquilo, un mar hecho más de gentes que de soledades, y sustento más de ilusiones cotidianas que de retos inalcanzables. Estos perfiles son tal vez solo un oleaje amistoso, marejadas tibias en el escenario de un sosiego marítimo por el que dejarse arrastrar sin preocupaciones.

¿Y si acaso mi sueño viajero no fuera otro sino este? ¿Y si no fuera surcar los océanos o conquistar cimas imposibles, sino llegar a conocer con detalle estas mismas colinas? ¿Es que alguien dijo que los sueños no pueden ser aquello que uno tiene cada día sin imposibles ni quimeras?

Aquí en lo alto de la colina sopla hoy un viento fuerte, de esos buenos para hinchar las velas y echarse a hacer distancia. Un viento favorable para alejarse, para salir a perseguir sueños allá en la distancia, si es que acaso uno así lo desea.

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