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La nieve ha durado sobre las colinas más de lo esperado. Los días han sido fríos y no ha brillado sol alguno. Hoy sigue la temperatura baja, pero el sol es vivo y brillante, como sediento de cobrarse una venganza esperada. Aprovecho este buen tiempo para subir temprano a la colina y ver amanecer sobre la fina capa de blanco que aún queda.En estos días de clima desacostumbrado, con un frío más insidioso de lo habitual, es normal que la gente discuta la meteorología y le haga saber a otros lo mucho que detesta estas jornadas de no salir afuera. El derrotado siempre maldice la batalla, y esta circunstancia de tener que quedarse en casa es para algunos una derrota frente al viento y la nieve, frente a la naturaleza que en otros tiempos bonancibles creyeron más amiga.
Entiendo que a la gente le guste pasar todo el año en manga corta, ir a la playa o poder salir de casa sin preocuparse de coger el abrigo. A mí también me gusta el verano y el buen tiempo y sentarme en el jardín a leer en camiseta. Pero esta luz de invierno desde lo alto de la colina, sobre el campo perlado, serpenteando entre los arboles desnudos y tiritantes, esto no hay buen tiempo que pueda compensarlo. Podría renunciar a todos los veranos que me quedan por delante si cada uno de mis días futuros amaneciera como este.