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Lo que escribimos, ya se sabe, habla más de nosotros que de lo que vemos. Es uno mismo, y no cuanto se describe, el que queda en las palabras, adornado si acaso con los colores de aquello que se prosa y la historia que se cuenta. La literatura es la excusa para que uno se relate a sí mismo al amparo de otros personajes y verdades.Con los paisajes sucede un poco como con las personas. El cuadro que se pinta cuando contamos lo que vemos desde un lugar no habla tanto de esa vista como del lugar en sí, no nos cuenta lo hermoso que es ese panorama, sino lo veraz que es la atalaya desde la que resulta posible observarlo en ese esplendor.
Me he traído hoy a lo alto de la colina una libreta pequeña y un bolígrafo, como hacen los viajeros y los pintores cuando van a un lugar nuevo, para bosquejar lo que desde aquí puede verse y no suele quedar en el recuerdo. Escribo sobre las curvas y las distancias, las brumas, el brillo del sol que ciega en estas primeras horas, el tejado alicaído de una casa que asoma. Pero la casa no es la casa, ni la hilera de arboles es tal, ni el vaivén cereal del campo es baile alguno cuando lo anoto; son solo pinceladas con las que al final dibujar por igual a este sitio desde el que miro y a mí mismo.
solo quien subió una montaña sabe lo que esta significa, porque es desde ella y no hacia ella a donde debe mirarse. Quien subió una montaña sabe que la imagen de esta no es su silueta recortada y contemplada en la distancia, sino la vista desde allá arriba en la que son las otras montañas las que aparecen. La imagen en la que esa montaña es el centro invisible del mundo. Igual que las imágenes que mejor nos hablan del fotógrafo son aquellas en la que él no aparece, en las que está al otro lado del objetivo. Igual que un hombre solamente se conoce a sí mismo cuando no puede verse, cuando es uno mismo y lo único que puede hacer es mirar al resto del mundo por el ventanal de los párpados.
Lo que escribimos, ya se sabe, no es lo que hubo en torno a nosotros, sino el testimonio de los lugares que nos fue dada la suerte de ocupar un día.