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No me pidan que ahora abandone esta colina. No me pidan que me marche tan solo porque amenace lluvia o se esté haciendo ya tarde, así de pronto, en el momento de más nostalgia del ocaso, cuando se saben más indefensos ante el hastío estos confines del mundo.Dejar atrás una montaña tiene siempre algo de traición. Uno se da la vuelta y mira lo que abandona, y la culpa encuentra siempre un resquicio por el que alcanzarle para decirle que quizás debiera haberse quedado allí haciendo guardia. Los lugares solitarios parecen a veces inquietantes cuando se alcanzan y siempre vulnerables cuando se dejan; se tiñen de un aire frágil, desnutrido.
Dejar atrás una montaña es a menudo una renuncia que reverbera incómoda en la moral del viajero, porque sucede que uno se vincula a los paisajes y le sobreviene al dejarlos una voluntad maternal y una especie de arrepentimiento. Y en estas colinas, que son lugares solitarios a los que parece que ya no volverá nadie, marcharse en ciertos momentos se antoja gesto cobarde.
Del mismo modo que hay un momento para llegar a cada lugar, lo hay también para partir. Sucede así con las ciudades, con las orillas del mar, con las montañas y tambien con las colinas. Sobre todo con las colinas. Al viajero se le enseña cuándo es mejor llegar a ver algo, la época idónea para visitar un destino, pero nadie le explica cuándo es mejor emprender regreso, a qué hora del día, en qué jornada, dónde está la puerta trasera por la que se sale sin ser visto.
Los viajeros, o los que se echan a andar hacia lo alto de una colina, que ya digo que viene a ser lo mismo, son animales migratorios que recalan en un destino porque es allí donde ahora han de estar, pero que llegado el momento habrán de dejarlo y volver a allá de donde partieron. Y ese instante de abandonar un lugar es tan relevante como el de llegar hasta él, y si el viajero no respeta las dinámicas y los ciclos de su andadura, acaba dejando partes de sí que no debiera y se le enzarzan en la memoria recuerdos que sería mejor no persistir.
Dejar atrás una colina es asunto sentimental y nunca bienvenido. A estas horas de la tarde, apáticas, apesadrumbradas, alejarse de estas alturas instiga el decoro del montañero. A mí las colinas siempre me han parecido frágiles, las piezas tal vez más inocentes y vulnerables del horizonte. Y alejarse de ellas en ciertos momentos me incomoda y me hace sentir una especie de melancolía culposa.
Con los paisajes se puede sentir la misma empatía que con los hombres. El paisaje puede hacernos sentir cariño, odio, piedad, vergüenza. Y cada cual, como sucede en todo asunto que atañe a las entrañas, siente los paisajes a su propia manera.
En la montaña, la pregunta fundamental siempre ha sido el porqué de la ascensión. ¿Por qué subirse a lo alto de una montaña? ¿Por qué empeñarse en alcanzar la cima? El montañero se acostumbra pronto no solo a responder a esta cuestión cuando los demás se la formulan, sino sobre todo a plantearsela a sí mismo y auscultar sus pulsos para encontrar una respuesta que no siempre es sencilla.
En las colinas, la pregunta tal vez debiera ser la contraria: ¿por qué bajarse de lo alto de una colina? O quizas no por qué sino más bien cuándo, en qué instante decidir que es mejor dejarla que quedarse allí un poco más. Se está tan bien en lo alto de una colina. ¿Cómo decidir cuándo vale más la pena alejarse que seguir disfrutando de ella? Sospecho que para esta pregunta las respuestas habrán de ser siempre más esquivas, o al menos no tan convincentes.
La tarde está cayendo sobre las colinas. Por las laderas bajan los últimos lametazos de una luz que va poco a poco languideciendo. A falta de ríos, hacia aguas abajo de estas colinas se escurren las sombras y los pesares, las oscuridades que ahora van conquistando la tierra con mano izquierda.
Voy a quedarme un poco más aquí arriba, al menos hasta que empiece a llegar la noche. Hasta que esta colina empiece a dormirse y pueda dejarla reposar a salvo de sus fantasmas. Entonces volveré a casa y dejaré el lugar a solas. Hasta entonces, no me pidan que abandone esta colina.