Ovejas
Periquete lleva unos días sin dormir bien. Se va a la cama, cierra los ojos, y no consigue dormirse hasta pasado un buen rato.
Periquete ha oído que contar ovejas ayuda a dormir, así que decide probar. Imagina ovejitas muy blancas que van desfilando en fila india y las hace pasar una tras otra a toda velocidad. No tarda mucho en dormirse, pero para cuando le llega el sueño, ya ha contado un montón de ellas. Y una vez que está dormido, las ovejas quedan sueltas por el mundo de los sueños, sin que nadie se ocupe de cuidarlas.
Periquete ha dormido bien toda la semana. Cada noche cuenta sus ovejas antes de quedarse dormido, y lleva ya una cantidad gigantesca de animales contados. Las ovejas están por todas partes, y el mundo de los sueños está ahora lleno de ovejas y corderitos blanquísimos.
Aunque Periquete ha vuelto a dormir sin problemas, resulta que los demás no consiguen conciliar el sueño. En cuanto cierran los ojos, no ven más que ovejas, un sinfín de ovejas ruidosas que lo ocupan todo.
Periquete se siente mal. Quiere dormir, pero le gustaría no molestar con ello a los demás. Preocupado, va a ver a su amigo Santiamén, a quien siempre se le ocurre la manera de solucionar cualquier problema.
—No te preocupes. Tú vete a dormir que esto lo arreglo yo esta misma noche —le responde Santiamén muy convencido.
Periquete hace caso, vuelve a su casa y se mete en la cama. Allí vuelve a contar sus ovejas, aunque esta vez más lentamente, porque le da apuro seguir llenando el mundo de los sueños con más animales repetidos.
Santiamén, por su parte, también se acuesta y se pone a contar, pero en lugar de ovejas él cuenta perros pastores. Uno, dos, tres... Se duerme rápido, apenas le da tiempo a contar una docena de ellos, pero con eso ya es suficiente. No hace falta más.
Mientras ambos duermen a pierna suelta, los perros se encargan de guardar a las ovejas sin que se escape ni una sola. Y así, quedan listas para que, a la noche siguiente, Periquete las cuente de nuevo.