Sopa de letras
La señora Castán intentaba convencer a su hija de que probara un pequeño trozo de tomate.
—Pero, mamá, no me gusta —protestaba.
—No lo has probado nunca, ¿cómo puedes saberlo?
—Sí que lo he probado. Y no me gusta.
—No es verdad.
—¡Claro que sí!
La madre odiaba esta clase de discusiones, pero más odiaba que su hija le mintiera.
—Papá, por favor, hazme una sopa de letras.
El padre, que tenía menos aguante y le concedía más caprichos a su hija, le preparó una sopa de letras.
—Pero el próximo día te comes el tomate, ¿eh?
La niña cogió entonces la sopa, aunque, en lugar de comérsela, buscó en ella algunas letras, las sacó del plato, y con ellas escribió sobre la mesa:
T - O - M - A - T - E
—¿Veis? Así puedo probar todo lo que quiero. Y el tomate ya lo he probado y no me gusta.
—Muy graciosa… —dijo la madre enfadada.
—Es en serio, mamá. Prueba, prueba.
La madre, con cara de cansancio, y para que su hija se dejara de tonterías, cogió las letras y se las comió. Y para su sorpresa…¡sabían a tomate!
—No puede ser verdad —dijo confundida.
—A ver, déjame ver a mí —dijo el padre.
La niña se apresuró a escribir la palabra de nuevo y el señor Castán, lleno de asombro, confirmó que aquello sabía, efectivamente, a tomate.
—¿Tenía o no tenía yo razón? Mirad esto.
Y escribió:
S - A - R - D - I - N - A
—Probad.
—¡Sabe a sardina! —gritaron los dos padres al mismo tiempo, sin haber siquiera terminado de masticar.
Desde ese día, no hubo cena en la que no se preparara en esa casa una sopa de letras (además de otros platos, porque había que seguir llevando una dieta equilibrada), y con ella degustaban toda clase de manjares.
Escribían, por ejemplo,
C - A - V - I - A - R
\noindent y se daban un atracón sin tener que dejarse el sueldo del mes.
A veces no era fácil encontrar todas las letras necesarias, pero con el tiempo cogieron práctica en dar con platos suculentos y que tuvieran pocas letras. Además, como había menos letras que comer, no empachaban tanto.
Usando un poco la imaginación, probaron platos exóticos y comidas en las que antes ni siquiera hubieran pensado. Y un día, se les ocurrió llevar sus exploraciones gustativas un paso más allá y probar toda clase de cosas, incluso si no eran comestibles.
—¿Qué os parece esto? —preguntó el padre, y a continuación escribió:
M - E - S - A
—¡Pero, papá! Eso tiene que saber horrible.
—Habrá que probarlo para saberlo —le respondió él, que al minuto confirmó que no estaba malo, aunque tenía demasiado regusto a barniz.
Así continuaron, más imaginativos cada día, y probaron, entre otras cosas, el caldo de oruga, el calamar gigante que vive en las profundidades marinas, un vampiro con alioli, un acorde de fa menor, un relámpago, o la carne de pterodáctilo poco hecha. No había ningún sabor que aquellas letras mágicas no pudieran darles.
—Podríamos probarnos a nosotros mismos —propuso un día la señora Castán mientras comenzaba a deletrear el nombre de su marido.
—Quita, quita —dijo él—, eso no me da buena espina.
Una tarde, cuando fueron a comprar más letras de pasta en el supermercado, descubrieron que ya no había. Seguían estando allí las pastas de todas las formas y colores, pero las que tenían forma de letras no aparecían por ninguna parte.
—Parece ser que ya no las fabrican —les dijo un empleado al que preguntaron—. Aunque no se preocupen, que la semana que viene traeremos de otra marca.
Las nuevas letras de pasta llegaron a la semana siguiente, y esa misma noche cocinaron una buena cantidad de ellas y las sirvieron en el centro de la mesa. Pero se llevaron una gran decepción al ver que sabían… a pasta. No eran letras mágicas como las anteriores, y daba igual la palabra que uno escribiera: siempre tenían el mismo sabor.
Buscaron en otros supermercados, preguntaron en todas partes, pero ya nunca encontraron esas letras mágicas. Sus cenas volvieron a ser como las de cualquier familia normal.
Por si algún día vuelven a encontrar esa marca de letras de pasta, han dejado en la cocina un papel en el que cada cual puede anotar los sabores extravagantes que se le vayan ocurriendo. Si tuvieras esas letras mágicas, ¿cuál te gustaría probar a ti?