El legañosaurio

El dinosaurio más fascinante de cuantos han existido —y también uno de los más sucios— es sin duda el legañosaurio o gran saurio legañoso. Este dinosaurio tenía un cuerpo descomunal, un cuello gigantesco, una enorme cola y unas patas más gruesas que el tronco del mayor de los árboles, pero lo más grande que tenía eran sus ojos, desproporcionados y redondos como pequeños planetas.

Al legañosaurio le gustaba mucho dormir y, a diferencia del guaposaurio, que era muy presumido y se acicalaba con flores todas las mañanas, nunca se lavaba sus ojos ni iba al río a echarse agua a la cara. Por eso, al cabo del tiempo se le acababan formando unas legañas inmensas que podían incluso ser más grandes que su propio cuerpo.

Aunque por su tamaño y por sus ojos cubiertos de legañas tenía un aspecto de lo más intimidante, el legañosaurio era en realidad un animal muy pacífico. Se alimentaba de hierbas y hojas, y a veces se comía alguna de sus legañas cuando nadie le miraba. No tenía enemigos, ya que el sabor de sus legañas no gustaba a ningún predador, y nadie intentaba cazarlo.

Aunque sabían que era inofensivo, los animales más pequeños temían al legañosaurio por su gran tamaño y se apartaban al verle llegar, porque pensaban que no los vería y podría aplastarlos. Pero el legañosaurio tenía una vista muy afilada y nunca pisaba a nadie. Y como era muy educado, siempre cedía el paso.

Cuando no era conveniente estar cerca del legañosaurio era en el momento en el que aquellas grandes legañas caían de sus ojos. Esto sucedía unas pocas veces a lo largo de su vida, pero era un espectáculo tan grandioso que todos los animales del bosque que lo contemplaban (eso sí, a una distancia prudencial) no lo olvidaban jamás.

Las legañas, en bloques descomunales, se desprendían y rodaban colina abajo como una avalancha, llevándose por delante todo cuanto encontraban a su paso. Al llegar a la parte baja de los valles, se desmenuzaban y formaban unas llanuras fértiles en las que los pájaros iban a picotear con frenesí para buscar los insectos que habían quedado atrapados en ellas.

El legañosaurio, ahora más ligero después de haber soltado el lastre de sus colosales suciedades, saltaba y corría por el bosque como un chiquillo. Aunque pronto se cansaba y se echaba a dormir una de sus siestas de varios días, y ahí las legañas empezaban de nuevo a acumulársele.

En ocasiones, las legañas que caían de los ojos del legañosaurio acababan llegando hasta el mar, donde daban lugar a un espectáculo aún más majestuoso. Como eran poco densas, flotaban sobre las olas y se iban alejando de la costa a lomos de estas, como enormes icebergs. Y por debajo de la superficie, los peces y los pulpos iban a lamer los grandes bloques, porque mezcladas con el agua salada las legañas dejaban de ser un plato incomestible y se convertían en un verdadero manjar.

El legañosaurio era una especie desconocida para la ciencia hasta hace bien poco. Hoy sabemos que existió gracias al único fósil encontrado hasta la fecha, que apareció en el lugar que desde entonces se conoce como «Vaguada de las Legañas». Se trata de un ejemplar viejo que se estima que murió con casi doscientos años de edad, y que quedó atrapado dentro de sus propias legañas, las cuales preservaron el esqueleto fosilizado durante millones de años. Todo el suelo de este yacimiento está formado por legañas prehistóricas ricas en elementos nutritivos, y a causa de ello se encuentra cubierto por miles de flores multicolores que crecen sanas y vigorosas.

El fósil fue descubierto por el profesor Roberto Perezossi, un eminente paleontólogo que nunca se levantaba antes de las diez de la mañana y siempre tenía cara de dormido. Fue el profesor Perezossi quien formuló la hipótesis de las legañas, al ver que la materia del suelo donde apareció el fósil no era tierra corriente, y que le recordaba a lo que se le formaba en sus ojos durante sus largas siestas. El profesor Perezossi dedicó el descubrimiento a su madre, quien cuando era niño le regañaba todos los días antes de ir al colegio por no lavarse la cara.

El fósil del legañosaurio se expone en el Gran Museo de las Legañas Animales, una exposición que abre cuando se despierta su dueño (siempre tarde), y en la que está prohibido entrar después de tomar café.

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