La mofleta
Las mofletas son animales curiosos, no hay duda. Tienen el aspecto de una mofeta común, con su pelaje blanco y negro y su larga cola, pero presentan además unos carrillos grandes y sonrosados como los de una niña regordeta y muy vergonzosa.
Comparten con las mofetas esa fea costumbre de soltar un olor fétido cuando se ven en peligro, aunque se ha de decir en su favor que esto sucede raras veces.
Las mofletas son amistosas si uno lleva buenas intenciones, y se dejan acariciar sin problemas. Eso sí, uno ha de pasarles la mano por el lomo como haría con un gato o un perro, pero nunca pellizcarles los mofletes aunque sienta gran deseo de hacerlo (y la tentación es muy grande, te lo digo yo). Los abuelos, que tienen esta costumbre con sus nietos y no suelen pedir permiso para ello, lo hacen también con las mofletas cuando tienen una cerca, y estas les rocían a menudo con sus pestilencias.
Salvo por este detalle, la mofleta es un buen animal doméstico, y da mucha alegría verla por las mañanas con sus coloretes y sus mofletes hinchados. Es además muy útil como animal de defensa, ya que es fiel y protectora, y en cuanto ve que uno está en peligro se apresura a enseñar el culo en señal de amenaza y eso da mucho miedo. Una mofleta enfadada intimida a los malhechores más que un perro rabioso, creedme.
La pequeña Lola, una niña de cuarto curso, incluso lleva su mofleta al colegio. Lola tiene, al igual que su mascota, unos mofletes muy grandes y colorados, y además llenos de pecas, y allá que van las dos juntas a la hora del recreo. Tal para cual. Y en clase, la sienta en el pupitre y aquella ni se mueve ni molesta.
Al principio, el profesor pensó que aquello no era buena idea y que prefería no compartir el aula con un bicho así, pero acabó acostumbrándose, y se dio cuenta de que la pequeña estudiaba mucho mejor cuando tenía su mofleta a su lado. El animal, además, le afilaba los lápices con los dientes y se dejaba acariciar por todos los niños si es que lo hacían con cuidado. Eso sí, al comedor escolar no la dejaban entrar, como es lógico.
La vida y costumbres de las mofletas, para el lector interesado, se describen con todo lujo de detalles en la monumental obra del doctor Eladio Pachulí titulada Compendio de animales fétidos pero encantadores, donde puede encontrarse información abundante sobre criaturas tan curiosas como la chinche melodiosa, el ruiseñor pedorrero o el koala bocasucia (también conocido como «osito de los tres alientos»).