Cuentos con calamares
Yo siempre he querido escribir historias en las que el protagonista sea un calamar. No hay otro animal mejor para un cuento, y sin embargo son muy raros los calamares que salen en ellos, ni siquiera en segundo plano.
En mi opinión, todas los cuentos tradicionales mejorarían si se escribieran con un calamar como protagonista. Imagínate, por ejemplo, que El patito feo fuera El calamarcito feo y contara la historia de un pequeño calamar que se siente despreciado por los demás por tener la cabeza demasiado grande, y que cuando se hace mayor descubre que en realidad no era un calamar, sino un pulpo, más señorial e inteligente. ¿A que sería una historia mucho mejor?
O supongamos que Caperucita Roja no se encuentra con un lobo en el bosque, sino con un feroz calamar que anda por el campo. Aunque ahora que lo pienso, este ya no sería tal vez un calamar, sino más bien un «calatierra», ¿no?
De cualquier forma, no se me ocurre un malo más intimidante para una historia como esa. A los niños de hoy día ya no les da miedo un lobo, pero ¿quién no se moriría de susto si viera un gran calamar caminando por el bosque con malas intenciones? ¿Y qué me dices de El calamar con botas? Ocho botas de siete leguas en vez de las cuatro del gato, eso no hay duda que haría la historia mucho más interesante.
El caso es que, como digo, el calamar es el protagonista perfecto para toda clase de cuentos. Si quieres que sea una historia romántica, puedes escribirla sobre un «calamor», que es un calamar muy enamoradizo. O si vas a poner el clásico rey de las fábulas, el papel lo puede tomar el «calazar» o Zar de los Calamares. Un «cazamar» va bien para un personaje valeroso al que no se le escapan nunca sus presas. Y los galgos y liebres que siempre se usan para los personajes rápidos de los cuentos bien podrían sustituirse por el «balamar», que es veloz como un proyectil o un torpedo subacuático.
Una vez empecé un relato sobre un calamar que no tenía ventosas, y a quien, al abrazar a sus amigos, estos se le escurrían entre los tentáculos, y por ello se encontraba muy solo. También otro sobre un gran calamar que perdió un tentáculo y ya no conseguía nadar en linea recta, y se fue desviando poco a poco hacia las profundidades y acabó llegando al fondo marino. Ahí ya no supe como seguir, pero algún día retomaré esa historia.
En fin, que escribir historias de calamares parece una buena idea y es lo que siempre he querido hacer, pero por el momento no he sido capaz de lograr nada. Tendré que seguir intentándolo. La gran historia de calamares está aún por publicarse, y espero ser yo quien la escriba un día.
Por ahora, me conformo con escribir estos cuentillos con tinta de calamar, a ver si así me llega la inspiración. Y si no te lo crees, huele esta página y verás como huele a auténtica tinta de calamar, con su aroma a sal y océano, como debe ser.