La izquierda más allá del comandante

Encajo mal en el imaginario de la izquierda. Por este babor ideológico abundan iconos y querencias que no comparto, y adhesiones que me resultan forzadas y faltas de sentido. No es la primera vez que alguien me lo hace saber, siempre con ánimo de reproche.

Yo siempre he creído que la izquierda la definían una serie de valores y conceptos; ya se sabe, aquello de la igualdad social, la libertad, esas cosas. Con cierta flexibilidad, por supuesto, pero siempre alrededor de esos mimbres. Y siempre he pensado que, si es que el pensamiento político define algo de nuestra valía humana o nuestra integridad, es ante tales valores y conceptos que estas deben medirse y no ante otros.

Murió Fidel y no hay hoy quien pierda la ocasión de hacernos saber lo que piensa. Con tal abundancia de opiniones, la muerte del viejo comandante es un calibre perfecto para mensurar el acimut ideológico de cada cual, pero también, según algunos, para juzgar si uno es fiel al canon, al imaginario, a ese santoral que los pensamientos políticos inevitablemente construyen a su alrededor. En este caso, claro está, al de la izquierda, del que Fidel ha sido referente ineludible.

Parece ser, fíjese usted, que uno no se puede nombrar de izquierda si no lamenta la muerte de Fidel y se entrega a la loa acrítica en esta jornada. Todo lo que no sea eso es síntoma de infidelidad a una izquierda modélica, pautada por esta clase de adscripciones, definida más alrededor de símbolos que de ideas. Puesto que la derecha (que también tiene su martirologio propio y sus devociones, no se crean) anda dichosa celebrando la muerte de un tirano, a quienes no salimos a las tribunas de rigor a gritar «Hasta siempre, comandante» los garantes de ese izquierdismo nos miran extraño. Y si osamos decir alguna palabra negativa, nos equiparan con aquellos de derechas, porque da igual que nuestras concepciones del mundo y la sociedad sean distintas, aquí lo que cuenta es la reverencia —o falta de ella— a los símbolos.

Encajo mal en el imaginario de la izquierda, ya lo he dicho. Aun así, permítanme seguir diciendo que soy de izquierdas, porque sigo creyendo en sus ideas y el imaginario me importa bien poco. Y no, no creo que Fidel representara estas ideas, por más que se dijera valedor de ellas e hiciera algunos logros muy dignos respecto a algunas, puesto que en otras dejó mucho que desear.

Los que quieran una identidad, pueden buscarse una religión. Aquí de lo que hablamos es de política y no necesitamos devocionarios.

← · ↩ Índice · →