Jamás hice volar con mis manos

Jamás hice volar con mis manos
otra cometa que estos versos,
el hilo tenso de la palabra,
un cielo no siempre presagio de esperanza.
Mas aún no es tarde para nada
—eso dices—
y te prometo salir una mañana
a ventear la validez de mi futuro,
airear la esperanza que guardo
sin importarme su firmeza.

Aún no es tarde para nada,
se trata tan sólo de una cuestión de contexto,
aprender a dejar atrás los años
como migas oscuras
hacia la nada de aquel que fuimos,
restos a devorar por las aves del ansia.

Le tengo envidia los turistas
que se hacen fotos en los mismos lugares tristes
donde yo cada día paseo mi desidia,
como si al igual que ellos
tuviera también que partir lejos,
dejar algo atrás, apresurarme en esta huida,
y no fuera un problema de tiempo o de espacio,
sino de integridad en la mirada.

Aún no es tarde para nada
—eso dices—
o tal vez lo sea para casi todo,
tal vez de nada valga la prisa
y debamos sentarnos en silencio
a contemplar cómo se posa la vida
igual que el polvo sobre los libros viejos
ávidos de nueva lectura.

Quisiera acostarme algún día
sin haber aprendido nada nuevo.

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