Todo esto hemos amado y es inmenso
Todo esto hemos amado y es inmenso:
lugares, sonidos, versos, luces…
demasiado tal vez
para nuestras pequeñas manos náufragas.
Y me inclino a pensar en esta tarde
que tal vez sea el silencio
a quien debamos culpar de este destino,
la falta de una breve y necesaria exégesis, ausente
porque apenas sabíamos, desconocíamos
las palabras, los significados de los gestos,
entregados cual éramos a aquel abrigo
ojalá recuperable hoy en nueva lectura.
Todo esto perdimos y es inmenso,
la pasión malograda en un instante, un segundo,
pues eso y no más duró
aquel tiempo apurado.
Ahora he comenzado a hablarte con la voz
que entonces no supe encontrar dentro de mí,
con las palabras que no supe decir
y aprendiendo a callar cuando el amor así lo exige.
Ya ves que he vuelto a escribir algún que otro verso
y paso las noches sentado frente al recuerdo
sin saber exactamente
qué espero recibir del mañana,
qué se supone que debo pedirme a mí mismo
o qué gesta debiera realizar para recuperarme.
Y cual una antigua plegaria,
un hilo de fe ovillado en tu memoria,
sigo repitiendo una vez más
el anciano testamento que legaste,
las consignas y los credos,
las plegarias ya inútiles,
aquel único axioma válido de tu pecho.