Árboles y hombres
Árboles y hombres
acusan recibo de una primavera
acaecida por primera vez desde tu marcha.
Hay colores pulsando en las ramas,
pequeñas venganzas ante el rigor pasado de los fríos
y una liberación desatada en los campos
como revolución silenciosa. Mientras camina,
un niño danza
y resulta imposible no asombrarse de aquel
—dios o cólera pagana—
que crease en esta tierra
escenas tan henchidas de fruto.
Ante tanta belleza,
tanta desplegada voluntad de la vida,
hoy he pensado:
<<¡Ah, qué hermoso lugar para consumirse!>>