Epílogo
El montañero sabe bien que una colina no es en realidad una montaña, y que estas bajuras y redondeces no han de calmar la sed de quien necesita el incierto consejo de las cumbres. Pero el montañero ha aprendido mucho de las montañas a base de coronar estas cimas mínimas sin pretensiones, ha empezado tal vez a comprender cómo se asciende en realidad una montaña y lo que ello significa.
Pensándolo bien, al montañero le vuelve a apetecer encaramarse en riscos más altos, sentir el frío intenso, la ventisca, la nieve, y atreverse también a un cierto riesgo. Aunque nunca fue amigo de las verticalidades y los barrancos, por aquello de que la vida ya tiene por sí misma suficientes motivos de vértigo, se le antoja tal vez asomarse a algún desplome y sentir el tintineo incómodo del vacío para saber que sigue guardando los mismos miedos. A este montañero, aunque le bastan las colinas para sentirse como tal, le siguen llamando las cimas mayúsculas y no cree que deje de visitarlas, como tampoco es probable que algún día deje de encaramarse a estos cerros con el mismo ánimo de ahora.
Piensa el montañero que si ha escrito este libro no ha sido por equiparar montañas y colinas, que bien sabe que cada una esconde sus propias verdades, sino más bien por reivindicar estas últimas y darles la voz que merecen. Porque en la literatura de montaña hay mucho de aventura y de conquista, pero también de amor y respeto por lo que esas montañas representan, y a este montañero le falta un testimonio similar de estas alturas más modestas. Si ha escrito este libro, es no más porque ama inevitablemente estos paisajes, cada altozano de estos rincones, y le faltaba un documento en el que hallar testimonio de esa pasión.
Mañana el montañero subirá una colina, o tal vez una verdadera montaña, o quizás no haga más que caminar el llano y asomarse solamente a la verticalidad de sus nostalgias. Pero le quedará la satisfacción de saber que, en esta búsqueda eterna del hombre por hollar las cimas reales y figuradas de la vida, él tiene ya arriba de todas estas colinas un lugar cierto donde caerse vivo.