Magdalena y Medialuna
Medialuna y Magdalena, en un castillo de arena, miran el sol que se apaga y ven la luna salir. Magdalena y Medialuna han cogido cada una un pez de escamas doradas y una flor color carmín. Medialuna y Magdalena, bajo la noche serena, escuchan cómo les llama el viento desde un cantil. Magdalena y Medialuna no quieren más aventura, se meten pronto en la cama, tienen ganas de dormir. Magdalena se despierta, Medialuna ya la espera, miles de pájaros blancos montan guardia en la ventana, música de primavera. Magdalena hace la cama, Medialuna desayuna, mientras las flores de marzo, molinillos de colores, mueven su cuerpo y perfuman. Mañanas de sol y luz, mediodías de jardín, mira cómo este rocío moja un pétalo y despierta mundos dentro de un jazmín. Magdalena ha sonreído, Medialuna ella también, misterios les guarda el tiempo, moradas flores de espuma mueve el viento a su través. * * * Magdalena, triste, magdapenas tiene, Medialuna pronto junto a ella viene. Magdalena, hambrienta, magdacenas quiere, Medialuna le hace buñuelos de nieve. Magdalena come, magdallena queda, dentro un ronroneo y silencio fuera. * * * Te toca esconderte donde no te vea. Hasta cien yo cuento, dice Magdalena. Medialuna mira, sale a la carrera ¿Dónde va a esconderse? Difícil tarea. En el suelo dentro de una madriguera, o arriba del cielo, tras la luna llena. Bajo alguna concha cubierta de arena, a la que de noche meza la marea. ¡Ya lo se!, se dice, ¡Qué genial idea!, corre a camuflarse y quieta se queda. En medio de un libro, en este poema, escondida donde solo tú la leas. * * * Magdalena en una espiga se construye una guarida, y por sus ventanas mira a un pajarillo cantar. Mientras el pájaro trina, llega una brisa marina, acuna el trigo y anima oleaje cereal. El trigal es mar bravía, su refugio nave hacía, Magdalena se creía de aquel barco capitán. Un caminito de migas ha dejado a su partida, para volver otro día y de nuevo navegar. * * * De colores un paraguas nuevo, en los pies, botas de agua de estreno, ¿dónde vas, Medialuna, si el cielo limpio está como un cristal de hielo? ¿Es que acaso importa que no llueva, si yo quiero usar mis cosas nuevas? Ven conmigo y soñemos que truena y de charcos la calle está llena. De colores un paraguas nuevo, en los pies, botas de agua de estreno, ya comienza este dulce aguacero de ilusiones y puros deseos. * * * Quiso Magdalena dar de comer a un pájaro en el cuenco de su mano, puso sobre su palma algunos granos y muy despacio se acercó hasta él. Vino el ave confiada y sin miedo, mas no probó ni una sola semilla. En lugar de comer, le hizo cosquillas: quiso picar las pecas de sus dedos. * * * Magdalena viste lino, Medialuna va de lana, desfile de primavera, un helecho y media rama les sirven de pasarela. De fina seda es el hilo, ropas y plumas de gala, telas y gasas ligeras, a hacerlas bailar sin alas la brisa con ellas juega. * * * A Magdalena una estrella le pregunta la lección, Esto es, le dice ella, hoy lo que he aprendido yo: A contar del mar las olas, a pintar roja una flor, a cantar con voz de noche y a tocar la percusión. A subir sobre la luna y allí saludar al sol, responder cuando me llame de mañana un ruiseñor. A rimar palabras largas, a olvidarme del reloj, a seguir ritmos y bailes con la punta y el tacón. Siete notas musicales, si, la, sol, fa, mi, re, do, y escribir con todas ellas cada día una canción. A Magdalena una estrella le pregunta la lección, a soñar le enseña luego cantándole una canción. * * * El olor a guiso nutritivo sube, Magdalena hizo patatas con nubes. Nubes esponjosas que cogió del cielo, las lava y remoja, y las echa al fuego. Nubecillas tiernas de lluvia y de sueño, sabores de tierra, perfumes de viento. Olor de puchero llena la escalera, delicias al fuego hizo hoy Magdalena. * * * Medialuna, cuando llueve, busca rápido una flor, de paraguas se la pone y espera a que salga el sol. En el cuello de su blusa, junto al último botón, un clavel lleva prendido que le deja buen olor. Da vueltas a una amapola y salta desde un balcón, con su hélice encarnada hace vuelo sin motor. Magdalena que la ha visto pilota también su avión, son sus alas dos jazmines, cada uno de un color. Con una azucena blanca, juntas se arropan las dos, bajo un pétalo de seda, duermen dándose calor. * * * En un papel de colores, ha apuntado Magdalena, dos frases con un secreto, y tres versos de un poema. Dobla la hoja y se la pasa, sin que nadie más la vea, a su amiga que la esconde bien dentro de su cartera. Medialuna, emocionada, cuando al fin a casa llega, aquel mensaje furtivo en su habitación desvela. En un papel de colores, a la luz de una candela, versos de aire y un secreto para que solo ella lea. * * * Medialuna, al mediodía, un remedio de agua fría toma y de inmediato ansía beber un traguito más. Medialuna, a medianoche, con medias negras y un broche, de comediante fantoche se disfraza y va a bailar. Medialuna, luna errante, una gran regla mediante, medía el pelo brillante de su caballo alazán. * * * De carmín, acuarelas y tinta, Medialuna a las piedras les pinta nariz, ojos y boca de cinta, y las hace sonreír. Hoy de azul y de verde ha pintado, un mirar en un canto rodado, una risa de rojo encarnado y violeta algún matiz. De un guijarro el rostro de un amigo, de sonrisas alfombra el camino, de sus manos hoy ha amanecido este día más feliz. * * * Medialuna en un hoyuelo pone el néctar de unas flores, chucherías de colores y un trozo de caramelo. Un terrón blanco de azúcar entierra en una maceta, de fresa una piruleta riega con zumo de frutas. Un árbol de hojas doradas en un instante ha crecido, de golosinas racimos recolecta de sus ramas. Una cestilla bien llena de su cosecha golosa con un gran ramo de rosas le ha traído a Magdalena. * * * Magdalena en la ventana al ver la luna que sale, con ella y con las estrellas hace juegos malabares. Cuando alguna se le escapa, en mil fuegos se deshace, es así que por el cielo cruzan estrellas fugaces. * * * Magdalena blanca lleva larga seda y un pañuelo de color. Medialuna, reina muda, ve y saluda, de agua y flores es su voz. Magdalena, la mar lleva sal, arena y el bailar de una canción. Medialuna, sé mi ayuda, ven y acuna en tus brazos este amor. Magdalena, tras la pena, nada queda, solo paz en su interior. * * * Magdalena una cometa sabe hacerse con un hilo, lo anuda en el firmamento, sostiene la luna en vilo. Magdalena también quiere despegar como un suspiro, el cordón quita del cielo y lo prende en su vestido. Magdalena vuela alto, pájaro desde su nido, Medialuna para verla en un árbol se ha subido. Magdalena una cometa sabe hacerse con un hilo, átate tú este poema y ven a volar conmigo. * * * Para soñar, Magdalena suelta al viento su melena. Para dormir, Medialuna canta una canción de cuna. Para nadar, Magdalena viste cola de sirena. Para volar, Medialuna pone en su pelo una pluma. Para reír, Magdalena, hace del mundo verbena. Para vivir, Medialuna de ilusiones se perfuma.
Caballito
Al alba, una nube malva, al ocaso, cielo raso, en el mar, murmullo de algas, en el prado, un toro manso. Siéntate, no tengas prisa, miremos crecer un árbol, convertirse en piedras lisas los roquedos y los cantos. Al alba, una nube malva, al ocaso, cielo raso, cuando las estrellas salgan, la luna estará de paso. * * * Ramillete de lavanda entre las hojas de un libro, flor dormida en las palabras de los cuentos de un chiquillo. ¿Quién fue que a secarse puso ese ramillo violeta? Misterioso y dulce intruso, ¿cuál es tu historia secreta? Ramillete de lavanda entre las hojas de un libro, páginas bien perfumadas esta noche lee un niño. * * * Marta maravillada frente al mar, brillos de marfil, espuma de mármol, ve cómo se marchitan y se van a cámara lenta sueños amargos. De amarillas margaritas un ramo con olores de marzo todo perfuma, mecen las olas barcos amarrados, luz de coral, fumarolas de espuma. Marta maravillada frente al mar, de peces marabunta en el azul, maraña de algas con sabor a sal, quiere soñar y no marcharse aún. * * * ¿Cómo hará para guardar la caracola en su vientre todo el sonido del mar y que allí resuene siempre? Ojala fuese yo igual, pensó ante ella un poeta, y guardar la inmensidad en un puñado de letras. Al escribir esconder, en las líneas de un poema, el cosquilleo en los pies al andar sobre la arena. ¿Cómo hará para guardar la caracola en su vientre recuerdos de espuma y sal, fiel rumor de la corriente? * * * Vamos a esconder un cuento en una esquina secreta, por ejemplo, sobre el viento, escrito en una cometa. En un papelito fino, que doblaremos después, con forma de submarino, de paloma, rana o pez. En un granito de arroz, y con letra diminuta, en la tripa de un león, o en el hueso de una fruta. En la sombra de una peca, vamos a escribir un cuento, pero que nadie lo sepa, guárdame tú este secreto. * * * Abanico de madera en las manos de un muchacho, de papel unos pedazos lanza y de sus dedos vuelan palomitas mensajeras como pétalos de marzo. Abanico de madera, de juguete un torbellino, libres cometas sin hilo de cartulina ligera, mariposas que aletean quién sabe hacia qué destino. Abanico de madera en las manos de un muchacho. * * * En un bolsillo tres monedas, escucha cómo tintinean, allá sale ya la primera, con ella ¿qué se comprará? Ahora dentro solo dos quedan, como dos campanitas suenan, el turno de una de ellas llega, mírala, mira cómo va. Se quedó sola la tercera, su destino quiere que sea que con ella cositas buenas alguien vaya pronto a pagar. A la fuente de la plazuela, para que un deseo conceda, la lanza un niño y ella vuela, va a hacer un sueño realidad. En un bolsillo tres monedas, escucha cómo tintinean, el destino que nos espera nunca es fácil de imaginar. * * * En la funda de un violín, hizo un pájaro su nido, bello y musical sonido desde entonces se oye allí. Su pareja, con amor, puso muy blancos tres huevos, tres son hoy ya los polluelos que acompañan a su voz. Alada orquesta en lugar de tan solo un instrumento, sus melodías al viento cada día cantarán. En la funda de un violín, cantores desconocidos, llenando de colorido las tardes del mes de abril. * * * Se soñó el árbol corcel en libertad, al ver a un caballo correr por el monte, quisiera poder ir hasta el horizonte, y allí ver con sus propios ojos el mar. Ojalá pudiera él también galopar. Sacar del suelo una raíz intentó, mas no hubo manera de desenterrarla, y triste se lamentó con voz amarga: ¿Por qué tú puedes correr mientras que yo, he de quedarme aquí quieto bajo el sol? Años pasaron, llegó un verano seco, de sed se murió el árbol sin conseguir haber en vida asomado su raíz. Un pájaro hizo nido en su tronco hueco, y los hombres lo talaron sin respeto. Pero a veces los sueños, a su manera, se cumplen sin que el tiempo los derrote, y aquel árbol al fin pudo ir a galope: no fue nunca corcel en una pradera, mas fue de un niño caballo de madera. * * * Quiso la nube ser veloz, tomó forma de conejo. El viento, cuando la vio, de un soplo la mandó lejos. La nube se mareó, ¿para qué ir con tanta prisa? ¿De qué sirve este ciclón, si a ella le basta una brisa? A otra nube que encontró, de inmediato pidió ayuda, y aquella recomendó tomar forma de tortuga. Así se la encontró el viento y entendió pronto el mensaje, comenzó a soplar muy lento, puso a dormir el paisaje. Ahora la nube pasea, de tortuga disfrazada, hecha de algodón y seda al despuntar la mañana. * * * Sea anciano capitán con barba, o grumete inexperto e imberbe, qué fortuna ha de ser vivir viendo borboteos de mar cada día, y burbujas de espuma en el viento. Arribar bajo la lluvia a puerto, ver vencerse el sol sobre las aguas, revivir vientos y tempestades, y a babor volando las gaviotas, y a estribor un albur buceando. Es el mar un prodigio soberbio, y ser marinero ¡algo bárbaro! * * * Un copo de nieve quiero envolver para regalo, tres algodones de hielo en la palma de mi mano. Un copo de nieve quiero envolver para regalo, suspiro largo de enero en papel coloreado. Un copo de nieve quiero envolver para regalo, un pedazo del invierno que obsequiar en el verano. Un copo de nieve quiero envolver para regalo, lo intento pero no puedo, dime tú cómo lo hago. * * * Un lugar tengo junto al arroyo donde a la tarde voy a sentarme, y en el que torna el verano otoño. Juncos de seda guardan la orilla, el agua mece de plata peces, rizos de aire en las buganvillas. Perfumes dulces en las umbrías, pájaros lentos vuelan al viento bajo el silencio del mediodía. Pone el ocaso la luna a salvo; en los carrizos, suena el hechizo de un ruiseñor cantando sus salmos. Lava tus manos, moja tu cara, luz de ribera, la primavera pone reflejos en tu mirada. * * * No hay mapa que no guarde en sí un tesoro, viaje no hay mejor que surcar solo los pliegues de un papel coloreado, soñando puedes ir a cualquier lado. Entre tus manos caben cordilleras, arroyos, islas, mares y praderas, ciudades donde también hay quien sueña la vida y los paisajes de otras tierras. Un mapa puede ser cuento y poema, la intriga y la emoción de una novela, el vértigo, el amor, la fantasía. Cada una de sus líneas, horizonte; cada una de sus tintas, cualquier donde; cada una de sus letras, poesía. * * * Esta mañana el cartero, en su destino primero, entregó un mensaje al vuelo que debía ser de amor. Tenía un sello con hojas, un olor como de rosas, la caligrafía hermosa y pintado un corazón. Le ha dejado a la vecina una cartita muy fina que le mandaba su prima y una preciosa postal. Viene de un país lejano, de un amigo o de un hermano, que ha pasado allí el verano, en un pueblo junto al mar. Luego en el número siete, ha dejado un gran paquete, quizás contenga un juguete que a un muchacho hará feliz. Se imagina la alegría, al abrir la mercancía, oye ya la algarabía que va a producirse allí. Es tarde y ya ha terminado la jornada y ha llegado a su casa algo cansado y con ganas de roncar. Piensa: Es bello mi empleo, llevo cartas y deseos, aunque yo nunca las leo, que soy un profesional. Abre su buzón ansioso, pero no hay nada valioso, del banco un aviso soso y algo de publicidad. Entra en casa alicaído, hoy tampoco ha recibido carta de un amor perdido, algún día llegará. * * * El barquito de papel a mojarse tiene miedo, el agua no es para él, no es un barco marinero. Quiere echarlo a navegar en una charca el muchacho, pero él no quiere zarpar, no quiere ya ser un barco. Las velas agita fuerte, volando quiere escaparse, y buscar mejores suertes donde no haya que mojarse. El chico rápido entiende del barquito su congoja, sabe que él es diferente y sueña con otras cosas. Ya sé yo lo que te pasa, te comprendo, compañero, no naciste para el agua, tú estás hecho para el cielo. Con cuidado lo desdobla, vuelve a doblarlo de nuevo, y de avión le da la forma, para que él emprenda el vuelo. El barquito no es barquito, sus velas ahora son alas, y cuando lo lanza el niño, hacia las nubes escala. Avioncito de papel, aquel era su destino, eso siempre quiso ser, y eso hoy por fin ha sido. * * * En mitad de un gran trigal, fue a nacer una amapola, era todo verde mar, y ella se sentía sola. Una mañana de niebla, volaba una mariposa, divisó allá abajo en tierra una flor brillante y roja. Confundida en tal blancura, sin saber dónde volar, en la flor encontró ayuda, a ella se vino a posar. La amapola qué alegría sintió al ver llegar sus alas, una amiga ahora tenía y era como ella encarnada. Ya no está sola la flor, y encontró al fin el insecto un buen faro de color con el que llegar a puerto. Se dirían solo una, juntos pétalos y alas, de carmín entre la bruma dos amigas abrazadas. La niebla ya se marchó, pero juntas ellas siguen, aquel que encontró el amor nada más que amor ya pide. * * * Ándale, Iván, dale al vándalo, dulce ramita de sándalo, que lleve al Congo la góndola a rifarla en una tómbola. Trae a Roma tus aromas, o al claro mar cual paloma, el caro marfil lujoso, pájaro maravilloso. ¡Qué mareo de palabras! ¡Qué mar veo de olas largas!, ¡Quemar quiero flores malvas y que un humorado salga! * * * Helado de dulce fresa, presa de un ave rapaz, capaz serías de todo, toro tranquilo y sagaz. Helado de suave nata, gata de suave pelo, velo de suave seda, será de plata pañuelo. Helado de fresco limón, lirón dormido en la rama, llama de fuego caliente, valiente es siempre quien ama. * * * Pobre alondra, se atolondra con el calor del verano, va a buscar algo de grano y no encuentra ni una sombra. Se despista y pierde el rumbo, no sabe cuál es su norte, vuela mareada y torpe, y aterriza dando tumbos. Bebe el agüita de un charco y al instante recupera fuerza y de nuevo despega, allá va echando su canto. Pobre alondra, se atolondra con el sol del mediodía, mejor es dormir, decía, que andar haciendo la ronda. * * * El señor Blablá no para de hablar, y el cielo se nubla de blancas nubes, la blanda niebla por el valle sube, se pueblan las ramblas de olor a sal. La señora Blablá tampoco calla, tiemblan las tablas de tanta palabra, hasta se dobla el tallo de la parra. ¡Qué verborrea, blasfema diabla! Vino la vecina y trajo ensalada, filetes, puré y otras cosas ricas, a ver si así al menos, mientras mastican, callan y tiene la boca cerrada. Qué silencio hay, no más bla, bla, bla, comen y comen, y ya no platican, demos un aplauso a la buena chica, que al fin consiguió hacerles callar. * * * Se acercó el gallo a pedir una co-co-co-cocreta, con esa genial receta que preparaban allí. Díjole una rana así: Perdone que me entrometa, se dice croq-croq-croqueta, que en la escuela lo aprendí. El camarero al oír como aquellos conversaban, mientras la barra limpiaba, vino rápido a decir: No sé quién tiene razón, que yo no sé ortografía, pero coman que se enfría, y no tiene igual sabor. El consejo del señor les pareció pertinente, y para comer caliente, dejaron la discusión. Sabia ella y sabio él, que la letra es importante, mas si hay comida delante, más aún lo es el comer. * * * El león ha caído enfermo, la gripe cogió esta semana. No rujas y guarda reposo, le ha recomendado su hermana. El león, que quiere curarse, obedece y se queda en cama, y espera que todos acudan a ver al rey de la sabana. Espera pero nadie llega, qué poco respeto le tienen. ¿Qué harán todos los animales, que a ver a su jefe no vienen? Hoy tarde después de la siesta, viene a visitarle la hiena, y el león, que se siente solo, comparte con ella sus penas. Ningún animal va a venir aunque usted les haya invitado, ya no son capaces de verle ahora que anda así camuflado. El león se queda perplejo. ¿Camuflaje los de su especie? No usa esa clase de cosas ningún buen león que se precie. Me temo que está equivocado, va usted camuflado, señor, pues no es sino un león en cama, es decir, un camaleón. * * * Con jabón y con su trompa, sin que ni una se le rompa, hace muy hermosas pompas el elefante al soplar. Aunque son pompas ligeras, son gigantescas esferas, y una pequeña gacela a una de ellas fue a parar. El animal, sorprendido, dice: \guillemotleft¿Dónde me he metido? No me gusta estar cautivo y además no sé volar. Esta jaula jabonosa, tiene vistas muy hermosas, pero soy algo miedosa y yo me quiero bajar. Por dentro de la burbuja la gacela fuerte empuja, por ver si la pared cruza y la consigue pinchar. Pero lo piensa de nuevo, está ya lejos del suelo, como se rompa ese huevo, un buen golpe se va a dar. Así que ella se relaja, y en su gran pompa viaja, allá abajo las jirafas la saludan al pasar. Esta es, pues, la historia rara, de una gacela atrapada, que voló aun sin tener alas, quién sabe dónde andará. * * * Un día de madrugada, y tras muchas vueltas dadas, el perro atrapó su rabo, y dijo muy indignado: Pues esto no sabe a nada. Juan un día en el jardín, al quitarse un calcetín, esperaba oler a queso, mas sus pies en vez de eso, vio que olían a jazmín. Un día de primavera, a un gusanito de seda, le sucedió extraña cosa, en lugar de en mariposa, se convirtió en una pera. Un tarde de calor, el gato desde el sillón, estando medio dormido, intentó dar un maullido, pero sonó un saxofón. Una noche de verano, me salió un poema raro, este que ahora estás leyendo, pero ya te estás durmiendo, así que mejor lo acabo. * * * Conozco yo una lenteja, que aunque ya es un poco vieja, cocinarse no se deja, no hay quien la pueda guisar. De un guiso con gallineja y un puchero con almejas, se libró la muy corneja, nadie lo pudo evitar. Para mí no existen rejas, dice subida a una teja, y aunque esta es misión compleja, se ha conseguido escapar. Imparable ella se aleja, en su empeño nunca ceja, del cansancio no se queja, corre y corre sin cesar. Huye por una calleja, se esconde en una madeja de lana de gorda oveja, y allí se piensa quedar. Con otra amiga lenteja, feliz su hazaña festeja, qué curiosa esta pareja, nunca vi yo nada igual.