La cigarra y la hormiga

Al llegar el frío, como es sabido, la hormiga quiso darle una lección a la cigarra. Cerró la puerta de su hormiguero, y no dejó que entrara ni compartió con ella su comida.

—Así el año que viene aprenderá a trabajar más y almacenar comida para el invierno, igual que hacemos nosotras las hormigas— se dijo a sí misma muy orgullosa.

La cigarra volvió a la rama en la que solía ponerse y allí canturreó una de sus canciones favoritas. Le hubiera gustado explicarle a la hormiga que las cigarras apenas viven unas semanas y nunca sobreviven al invierno, pero la hormiga no quiso escuchar sus explicaciones.

La cigarra murió pocos días después, feliz mientras cantaba desde su rama y pensaba que no había desperdiciado ese tiempo trabajando sin sentido, sino haciendo música para los otros insectos del bosque.

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